La Vanguardia

Oriol Pujol Borotau, budista

“La meditación es la mejor dieta”

29/02/2004 - Publicado en La Vanguardia por Lluís Amiguet (La Contra)

No me pregunte la edad: soy budista y los budistas no contamos los años, sólo los vivimos. Nací en Barcelona, pero vivo entre varias ciudades europeas y Bombay. Estoy casado hace 20 años con una hindú. # He impartido cursos de autoconocimiento en Esade, Eada y el Emi, además de en el Colegio de Médicos de Valencia, a las enfermeras catalanas o a la Guardia Urbana de Barcelona. # He enseñado sobre todo a aceptar y a aceptarse para así poder mejorar

Oriol PujolYo pensé que aquella señora obesa que me pidió consejo sufría un trastorno afectivo que la transformaba...

¿...en gorda?

Tenía un problema de obesidad que resolver.

¿Cuál era el trastorno?

Algunas personas acaban siendo obesas porque se atiborran ansiosa e inconscientemente para engordar y así resultar poco atractivas.

¿Cómo puedes desear ser menos atractivo?

Creen que intentan ser atractivas, pero en su interior aspiran a ser gordas desagradables. Así evitan proposiciones y, por tanto, relaciones sexuales a las que en ese fuero interno tienen pánico.

¿Por qué?

Es lo que tiene que averiguar cada una y cada uno. Esta señora de la que hablo era un caso diferente, y ya ha detectado la ansiedad que le obliga a comer en exceso.

¿Y qué le provoca la ansiedad?

En eso trabaja ahora. Cuando sepa la causa profunda de esa ansiedad podrá desactivarla con un proceso de autohipnosis.

¡Qué compleja es nuestra mente!

Pero todo está en ella y ahí queda grabado cuando está tierna, en la infancia. No es extraño que el niño utilice la comida: comiendo mucho o muy poco. Es un mecanismo para obtener atención y cariño de sus mayores en su competencia afectiva, por ejemplo, con otro hermano.

“Come, niño, o vendrá el coco”.

¡Qué terrible admonición! ¡Cuántos miedos de adulto y fobias inexplicables arrancan de inocentes tretas maternales inspiradas por el amor para que el niño coma de una vez! Yo mismo he sufrido esos miedos de adulto, porque mi madre recurría demasiado al coco.

Y así nuestra vida deviene conjunto de miedos y obligaciones autoimpuestas.

Sólo si no nos conocemos. Cuando doy cursos a directivos siempre les pregunto por sus valores profundos, y muchos me responden con convicción: “Sacrificio y autoexigencia”.

¡Sangre, sudor y lágrimas!

Pues es un triste error. ¿Por qué se odian a sí mismos? ¿Por qué automachacarse sin compasión? Eso es negativo y el pasaporte seguro hacia el estrés. ¿Cómo puede uno afirmarse y aceptarse a sí mismo y al mundo si se está negando siempre?

¿Y usted es feliz?

Yo hago lo que me gusta y me gusta lo que hago. Para mí eso es ser feliz.

¿Eso es triunfar?

Mi felicidad es una sensación más íntima que el triunfo de los manuales de autoayuda. Yo vivo bajo el lema: ¡Todo por ilusión, nada por obligación! Si consigue vivir así, cuánto dinero gane al mes o a cuántos empleados mande será una cuestión irrelevante para su felicidad: la ilusión es lo importante.

Entonces es usted un triunfador.

Gracias, hombre. Sólo pretendo aceptar la vida no como una obligación que cumplir, sino como un misterio por gozar. Y no aplazo la gratificación, sino que la vivo en el momento. Le recomiendo que ahora mismo abandone la ansiedad que veo que le invade y disfrute de esta divertida conversación.

Usted no tiene que cerrar esta entrevista en pocas horas.

¡Si es una oportunidad de disfrutar, hombre! A ver, le veo bajo de energía: piense en algún momento precioso de su inmediato pasado.

Es inconfesable.

Estupendo. Ahora revívalo y disfrútelo por unos segundos a solas.

(...) ¡Conseguido!

Ahora volvamos a la entrevista. ¿Se siente mejor?

No ha estado mal.

Pues, como le decía, el cuerpo del niño crece, pero el mecanismo de obtención de cariño permanece intacto en su fuero interno: comida y cariño se relacionan en su mente de un modo fatal para su bienestar. Y para poder desactivarlo tiene que descubrir y desentrañar ese bucle.

¿Qué técnicas de introspección utiliza esa señora con su ayuda?

La meditación Vipassna y la programación neurolingüística son técnicas valiosas, pero tiene que ser uno mismo quien halle respuestas en su interior.

No es nada nuevo: “Nosce te ipsum” (conócete a ti mismo).

Eterno y eficaz. Las soluciones para ti no están fuera, están en tu interior. El budismo y la meditación son milenarios, pero no producen dividendos a las multinacionales de las dietas, por eso hay tantos anuncios de dietas milagrosas y tan pocas guías hacia el sincero y profundo conocimiento de ti mismo.

Parece más fácil tomar una pastilla que aprender quién eres.

La meditación es la mejor dieta y es más eficaz que cualquier dieta milagrosa contra la obesidad y para muchos otros trastornos afectivos y conductas erróneas que tienen su causa profunda en nuestra infancia.

¿De qué edad habla?

Entre el nacimiento y los cinco años sufrimos heridas que si no las descubrimos y cauterizamos mentalmente, condicionan toda nuestra vida adulta.

Por ejemplo.

Otra señora que padecía molestas alergias. Tras un profundo trabajo introspectivo llegó a recordar cómo obtenía la atención de su madre de niña, cuando necesitaba cariño: fingía enfermedades. Ese mecanismo psicosomático seguía funcionando en su inconsciente ahora y le causaba alergias. La enfermedad y la medicina estaban en su cerebro, no en la farmacia.

Y, además, era una medicina totalmente gratuita.

Sí . Sólo requiere tiempo y amor hacia ti mismo.

¿Eso no es egoísmo?

No, no. Amarse a uno mismo es el principio del amor. Todos arrastramos por la vida un saco que necesitamos lleno de afecto para poder avanzar. Muchos esperan que otros llenen ese saco.

Pues que esperen sentados.

Otros saben llenárselo ellos solitos del cariño que necesitan. Y cuando lo tienen lleno es más fácil que otros también lo llenen.

¿Y si le hacen una barrabasada?

Hace poco la sufrí, es cierto. Un amigo me estafó una importante cantidad de dinero que iba a servir para ayudar a mucha gente en la ONG de India en la que trabajo.

Miserable.

Él no es un miserable. Su conducta fue miserable, pero él tenía buenas razones para obrar mal. Detrás de cada conducta no idónea, hay una buena intención. Tuve que trabajar mi mente para dejar de odiarlo y poderle hablar a usted hoy así, sin odio, de él.

Es usted un santo varón.

¡Soy un santo egoísta! Al liberarme del odio evito dañar mi alma y mi cuerpo. El odio se somatiza.

¿Cómo se liberó del odio?

Con un ejercicio mental milenario. Coloqué la emoción negativa en el hemisferio izquierdo y recargué de buenas energías el derecho. En fin, no es fácil explicarlo, pero es muy gratificante experimentarlo.

¿Y ahora trata a su amigo?

No le confiaría mi caja fuerte, es cierto, pero no lo odio. Si no lo odio, puedo aceptarlo, y si lo acepto es muy probable que él empiece a modificar su conducta para bien y que algún día pueda volver a confiarle mi caja fuerte.

Las malas personas no decepcionan: jamás cambian.

Al contrario, el budismo demuestra que lo que rechazas y combates persiste, lo que aceptas se transforma.

Bello principio, pero sólo eso.

Tengo una pareja de amigos con los que medito. Tuvieron problemas durante un tiempo.

Todas las parejas los tienen.

Ella quería hijos, él no. Se pelearon hasta que ella le dijo: “De acuerdo, no tendremos hijos”. En ese momento, él empezó a preguntarse: “¿Y por qué no tenemos hijos?”

¿Hoy son papás?

Lo ha adivinado.

Lo recordaré cuando me enfade con alguien.

Y cuando sufra. Busque el significado profundo de su sufrimiento. Todo dolor lo tiene. Su pena es un mensaje personal para usted que debe descifrar igual que sus enfados. Si sus enfados son desmesurados le están diciendo algo.

¿Que me tome una tila?

Descúbralo. Un día trabajaba con un directivo conocido por sus broncas a sus subordinados. Meditó, preguntó y al fin lo descubrió.

¿Qué?

Cuando tenía cuatro años, su madre llegó tarde a buscarlo al autobús del cole. El niño avergonzado no dijo nada y el autobús volvió a la cochera con él adentro. Pasó muchas horas de pánico en aquel garaje oscuro, hasta que lo encontraron llorando y culpando a su madre y al mundo de su abandono.

Tremendo cabreo, sí señor.

¡Todavía lo pagan sus subordinados y su propia salud cardiaca!

¿Cómo trató al ejecutivo gruñón?

Con “reframing”. Se puso en contacto con la parte interna que le hacía sobreenfadarse. Fue la misma técnica que aplicó otro directivo que me explicó un problema íntimo, un problema de erección.

Si el pabellón no se iza, la autoestima tampoco.

Un proceso de autohipnosis le reveló la causa profunda: tenía un enorme pánico a ser padre.

¿Por qué?

Estaba muy enamorado de su pareja, pero ésta padecía cierta enfermedad: en su fuero interno él temía que sus hijos pudieran heredarla y así bloqueaba su respuesta sexual, para evitar la descendencia.

¡Qué complejo es vivir!

¡Qué maravilloso si sabes gozar el misterio! Hace mil años que el budismo resolvió el problema afectivo de otra compañera mía de meditación.

¿Anorgasmia?

Era más complejo todavía. Ella no conseguía relaciones duraderas con sus parejas.

¿Trauma infantil?

Le expliqué cómo ser amiga de una mariposa.

¿?

Abra su mano y allí se posará la mariposa. Pero si usted no tiene bastante con disfrutarla libre sobre su mano, intentará cerrar sus dedos y tal vez, poco a poco, atraparla.

Todos lo hemos hecho.

Pero cuando usted ansioso inicia un mínimo movimiento de sus dedos, la mariposa huye y jamás volverá.

Quien deba entender, entenderá.

Y las manos que han aprendido siempre permanecerán abiertas.

Nada a la fuerza

Hago caso a Oriol y me niego a terminar esta entrevista de mala uva y a todo correr. Me voy a pasear por la Rambla y a respirar el aire fresco y estimulante de este día que es único, porque es el de hoy y estoy vivo.

Para mi sorpresa, cuando vuelvo, nadie se ha quejado de mi cierre tardío y yo saldré un poco más tarde, pero un poco menos tenso. Toda mi vida me han enseñado que las cosas en este valle de lágrimas se consiguen a fuerza de codos, de sudor, de machacarse, de sufrir en silencio.

En mi universidad de Nueva York, en NYU, me volvieron a repetir “no pain, no gain” (sin dolor, no hay ganancia) cuando me cargaban de trabajo. Y, ahora, en cambio, Oriol insiste tras una vida de meditación en India en que no haga nada que no me ilusione. Yo le respondo: “¿Quién fregaría suelos entonces? ¿Quién limpiaría váteres?”. “También se pueden fregar suelos con ilusión”, responde, y me cuenta que él ha fregado muchos sin perder la sonrisa. Y su sonrisa es tan auténtica que le creo.

Me habla de su portal (www.oriol-pujol. org), ilusionado como un chaval. Nunca sabremos sus años, pero sí que los vive a fondo y, en el fondo, ¿para qué demonios estamos repitiendo nuestra edad mil veces al día?